martes, 15 de diciembre de 2015

"Los azules cielos de España" (Un relato de la Guerra de Independencia)

Roger salió de su tienda de campaña como todos los días, aunque a cada día que pasaba le parecía más distante la promesa que les hizo Napoleón. Les prometió "vivir bajo los azules cielos de España". Esa promesa parecía estar perdida en el viento. Las constantes derrotas en Rusia están mermando la moral de las tropas, aunque ese "enano cabezón" seguía insistiendo.

-"Ni que buscase el oro de Moscú".- Pensaba Roger.


Su superior, el Capitán Daumont, les había llamado a formar filas:

-En nombre del rey José Bonaparte y del Sumo Emperador Napoleón Bonaparte se ordena a todos los batallones presentes en la Península Ibérica que aporten un tercio de sus hombres al frente en Rusia. ¡Por la gloria de Francia! A continuación diré los nombres de todos los reubicados.-
Por suerte su nombre no estaba en la lista, no aguantaría vivir en ese yermo helado.


El sol caía en las costas de Cádiz, la luz del atardecer se fundía con el mar que se teñía de un naranja intenso, la arena parecía estar formada por montañas de oro, era una imagen preciosa; quizá la favorita de Roger, por eso iba allí todos los días. Estaba junto a Philippe, el único amigo que le quedaba, el cual partiría hacia Rusia al alba.

-¿No es precioso?- Preguntó Roger.
-Sí...- Dijo Philippe.
-Te echaré de menos...- Dijo Roger.

Ambos volvieron al campamento y prepararon las cosas de Philippe, le aguardaba un largo viaje.


Pasaron los meses, ahora era invierno, los cielos azules se tornaron grises, aun así preservaban su belleza. Las noticias que llegaban desde Rusia no eran favorables, la mayoría de los soldados franceses habían muerto, incluido su amigo Philippe. No habían sido los rusos, sino un enemigo inbatible, "el General Invierno". Los franceses no estaban preparados para afrontar lo que se les venía encima...


Los españoles se habían organizado en guerrillas. Un fuerte espíritu de  nación les unía. Ni el más curtido y experimentado soldado podría explicarse de donde nacía su fuerza. Roger sí lo entendió, a diferencia de ellos, los españoles tenían algo por lo que luchar. Los franceses habían perdido el norte.


Tras pensarlo detenidamente Roger decidió desertar, ya no tenía una causa por la que luchar. Puede que no volviese a Francia, pero le daba igual.
A él solo le importaba ver "los azules cielos de España".

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